Koichi Dojo

Donde la paz y la fuerza se encuentran en cada movimiento.

Inspiraciones

En esta sección, usted encontrará frases, escritos, recomendaciones, ensayos, referencias, notas, pensamientos e ideas referidas al Aikido.

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Agatsu

Por Anna Szabó

Desde el inicio de mi camino en el Aikido hubo siempre dos aspectos de su filosofía que me han atraído a esta maravillosa práctica. Por un lado, el sentido de búsqueda de Armonía con la Naturaleza y por lo tanto, la ausencia de competencia por el poder. En Aikido no existen podios públicos por ganar.
En segundo lugar y como corolario de lo anterior, el Aikido brinda una de las mejores oportunidades para desarrollar el concepto japonés de Agatsu o “la victoria sobre uno mismo”
Si se busca armonía con la Naturaleza, esta búsqueda termina abarcando el Todo, ya que la Naturaleza incluye toda forma de vida visible e invisible. Por ende incluye nuestra propia Naturaleza Humana y la del compañero de práctica.
El Aikido nos permite auto-observarnos y re-conocernos en nuestra más pura esencia. Cada técnica y cada momento de la práctica exigen del aikidoka (practicante del Aikido) sus cinco sentidos en foco. Cada situación que se experimente sobre el Tatami puede conectarnos con emociones muy primitivas que surgen libre y espontáneamente.
Una de ellas es el miedo: miedo a caer, miedo a lastimarnos o a herir al compañero, miedo a no poder avanzar en el aprendizaje, miedo al juicio de los que nos están observando.
También puede aparecer la ira: esta es una emoción universalmente difícil de controlar y la podemos reconocer inmediatamente en el otro, más que en nosotros mismos ya que solemos negarla. La ira suele surgir ante la frustración de no lograr determinado efecto técnico y tiene que ver con el oculto deseo de ganarle al otro, de ser “mejor” o más fuerte.
La ira también puede ser una segunda fase de la humillación o vergüenza frente a alguien que pone en evidencia que aún tenemos un largo camino de aprendizaje por delante. Nuestra autoestima podría quedar lesionada si no estamos atentos al objetivo más valioso y profundo de nuestra práctica: superarnos solo a nosotros mismos a cada minuto. No importa lo rápido que avancen los otros: no hay comparación válida entre los caminos de los aikidokas ya que cada ser humano es único y dibuja una senda irrepetible en su aprendizaje del Aikido.
El concepto de Agatsu nos permite descubrir nuestras emociones negativas y darle a los errores y dificultades un sentido de desafío y oportunidad en lugar de verlos como un obstáculo o traba.
La perseverancia en la práctica nos pide una mente de principiante: “nada sé, todo tengo por aprender”. Este es el camino más fácil para poder recibir las enseñanzas de nuestro Sensei, ya que si nuestra mente está llena de supuestos conocimientos, no habrá lugar para conocimientos nuevos.
Nadie es responsable del aprendizaje personal excepto uno mismo.
Mirar hacia atrás el camino recorrido ayuda a recobrar la serenidad frente a las dificultades actuales, sabiendo que si hubo antes dificultades superadas, todo es mejorable y solo se requiere más paciencia y más tiempo de práctica.
Lo que el aikidoka trabaje en el Dojo con respecto a sí mismo, lo trasladará luego a su vida cotidiana y viceversa: como se es afuera, se es adentro sobre el Tatami. La práctica del Aikido nos desnuda a los ojos del otro, nos muestra tal y como somos.
En síntesis, la victoria sobre uno mismo es la única victoria que vale la pena lograr y al ser inagotable nos permite seguir practicando el Aikido todo el tiempo, toda la vida.

El propósito del Aikido

El propósito del Aikido, antes que la competencia, es favorecer la comunicación y descubrir los mecanismos de la armonía. De este modo, personas fuertes y débiles, niños y adultos pueden practicar juntos, con la posibilidad de obtener provecho y desarrollar la la capacidad de adaptación.
La paradoja del ataque y la defensa, el estudio del conflicto que conduce a la armonía resulta difícil de aprehender y el estudiante puede equivocarse fácilmente de camino en su búsqueda del poder. El ego reclama pruebas y anhela la competición.

Algunas veces un entrenamiento muy duro puede contribuir al fortalecimiento del ego y la fuerza física, pero esto no es suficiente para producir una técnica de Aikido.
Es necesario que el movimiento sea purificado y la reacción agresiva eliminada, demostrando una y otra vez que la competición es un sinsentido. Este aniquilamiento es el punto de ruptura del ego, es el misogi, es el comienzo de cualquier entrenamiento serio.

Pensamientos

Has de ver, oler, gustar y digerir el movimiento del Aikido antes de poder descubrir sus secretos.

El conocimiento verdadero no tiene necesidad de imponerse ante otros. Jamás generaría frases como "mi camino es el único camino".

Estudiar y acceder al conocimiento implica el renunciamiento a las opiniones propias. Una de las grandes barreras para el estudio es el concepto de la igualdad y las interpretaciones erróneas que ha suscitado.

Si bien todos somos iguales ante los ojos de Dios, cada uno de nosotros posee capacidades y conocimientos diferentes. Si el alumno y el maestro fuesen iguales, estudiar no tendría sentido.
No hay democracia sobre el tatami. Algunos sabrán más y otros menos y, por lo tanto, alguien guiará y alguien será guiado.

La vida supone una carrera que ha de ganarse y es así como nos olvidamos de que la vida es un don maravilloso.

La lealtad ciega, es sumamente peligrosa porque puede convertirse en un instrumento del egoísmo que no respeta diferencias y crea un mundo en el que cada rostro devuelve nuestra propia imagen o todas las mentes formulan los mismos pensamientos.

La debilidad necesita someterse ciegamente a la autoridad. Necesita el vínculo de la lealtad pues teme a la libertad que nace del vacío. El apego egoísta a una única virtud no puede engendrar libertad. Si cierras la mano para asir esa virtud, no podrás tender la mano a un amigo.

AIKIDO: mucho mas que un arte marcial

¿Porqué el Aikido es un ARTE? 

Si bien para iniciar este hermoso camino de práctica se requiere el aprendizaje progresivo de técnicas corporales bien definidas para el alumno principiante, una vez aprendido el ABC tanto de las técnicas de ataque y caídas (ukemi) como de las técnicas básicas de defensa propiamente dichas, se abre frente al practicante todo un mundo de creatividad individual.
Cada practicante diseña su propio Aikido de acuerdo a sus características personales físicas y psíquicas.
Sin embargo, el arte creado por cada aikidoka es perfectamente compatible con el de cualquier otro en cualquier lugar del mundo porque manejamos un lenguaje en común, solo que con diferentes expresiones. 

IKKYO: TODA UNA VIDA

Por Anna Szabó
El nombre de este escrito es una cita textual de lo que O’Sensei decía. Se pueden aprender las
demás técnicas a lo largo de varios años de práctica, pero el Ikkyo lleva toda una vida para ser
realmente comprendido y abarcado en toda su magnitud.
Cuando inicié mi práctica del Aikido hace varios años y me enseñaron por primera vez el clásico Shomenuchi Ikkyo, me costaba creer que fuera la técnica más difícil y menos aún que llevara toda una vida aprenderla. Más aún, si dedicábamos toda una clase sólo a esta técnica, mi impaciencia de principiante me pedía cambiar a otras, a más acción, a técnicas de proyección.
Con el paso de los años y con el aprendizaje progresivo de la postura, del dominio de la relajación y la tensión y las enseñanzas tan creativas e inspiradas de mi Sensei Juan Tolone Shihan y también actualmente de Sensei Jorge Romer, pude descubrir la riqueza infinita de variaciones y sutilezas que encierra esta técnica de aparente simpleza y disfrutar de su práctica durante una clase entera.

¿QUÉ ES EL IKKYO? (o Ichio)

Su nombre viene del número uno en japonés (ICHI). Es la técnica primordial, la primera Creación.
Las siguientes técnicas y las graduaciones de los danes se nombran también a partir de los
números. Del 1 al 10 en japonés sería: ICHI (1), NI (2), SAN (3), YON (4), RO (5), ROKU (6), SICHI (7), HACHI (8), KU (9) y JUU (10).
Como dato interesante, se denomina Ikkyu al primer Kyu, o sea que es la antesala del paso del
cinturón blanco al cinturón negro. Se dice que el cinturón blanco ya se ha ensuciado lo suficiente con la práctica constante como para cambiar de color. En Aikido las primeras graduaciones van desde el cinco al uno y las graduaciones de danes van desde el 1 al 10. De manera que el estado de Ikkyu es una especie de “puente” entre el mundo del aprendizaje más pasivo y estructurado, y el mundo del auto descubrimiento, del camino más activo de la propia búsqueda del Aikido personal a partir del primer Dan.
El Ikkyo es básicamente una técnica de retención que se aplica sobre el codo del uke. Cuando
uno la experimenta tanto como Nage (el que aplica la técnica) o como Uke (el que la recibe), se
asombra de que una simple retención correctamente aplicada sobre una sola articulación sea
capaz de mantener el dominio del otro sobre el piso, sin importar el tamaño o peso de los
practicantes.
Esta técnica, que tal vez sea poco vistosa, ya que no conlleva saltos ni grandes impactos visuales, nos permite lograr Paz. Podemos retener a nuestro compañero sin dañarlo. Será él mismo quien se dañe si resiste o intenta liberarse usando la fuerza.
Podemos llegar al Ikkyo por infinitos caminos: cualquier ataque de cualquier tipo dentro y fuera
del Aikido puede ser resuelto finalmente a través de esta técnica.
A su vez, el Ikkyo es el pasaje intermedio hacia todas las demás técnicas de retención y puede
ser también una conexión hacia las técnicas de proyección.
Si no sabemos cómo llegar a algún lado al recibir un ataque, empecemos el camino por Ikkyo.
Este simple pero claro posicionamiento de nuestro cuerpo con respecto al del compañero nos abrirá un panorama de múltiples posibilidades de resolución y nos dará tiempo para ejecutar
cualquier otra técnica.
Si un principiante se aburriera de practicar el Ikkyo, sería bueno mostrarle cómo “todos los
caminos llevan al Ikkyo” y por otro lado cómo “desde el Ikkyo se puede llegar a todos los
caminos”. Una vez que uno descubre la infinidad de variaciones técnicas posibles al momento
de recibir cualquier tipo de ataque y disfruta de ese Ikkyo casi mágico que aparece solo, casi sin esfuerzo y naturalmente, dejando al Uke sorprendido porque no entiende cómo llegó al suelo, recién ahí uno puede entender a O’Sensei y coincidir en el concepto de que no alcanza una vida para aprender y comprender esta técnica maravillosa y primordial.

Lo MARCIAL en el Aikido:

Dado que el Aikido es uno de los pocos artes marciales que no se presentan a competencias ni a torneos, y además su base es especialmente defensiva, a lo largo de su historia ha sido tildado de no ser un arte marcial como todos los demás.
Esto no es así. Lo marcial, el espíritu del guerrero y el entrenamiento para la lucha están totalmente vivos en nuestra práctica.
El verdadero espíritu marcial se encuentra en saber reconocer el límite entre controlar al compañero a través de una técnica y dañarlo.
El Aikido muestra su poder sin necesidad de dañar a nadie.
Lo marcial se encuentra en la actitud, la postura, la serenidad y la precisión al momento de aplicar una técnica en respuesta a lo que nuestro compañero de práctica nos está proponiendo.
Más allá de un Arte Marcial, es Aikido es un verdadero camino de autoexploración y evolución.

Únete a Nuestra Gran Familia

El Aikido no es solo un Arte Marcial; es un estilo de vida. Mejora tu condición física de manera integral, desarrolla tu fuerza interior mientras aprendes a manejar la energía de manera consciente. ¡No te quedes fuera!

JIYU WAZA

El arte de controlar los propios demonios

Por Anna Sabó
La traducción japonesa de Jiyu Waza es “Técnica libre”.
A diferencia de lo que se practica en una clase formal, en la que se enseña determinada técnica a partir de un determinado tipo de ataque, en Jiyu Waza tanto el ataque del Uke como la técnica que aplicará el Nage son espontáneas y sin pautar.
En la práctica uno a uno, esto permite que Nage recurra a todo su entrenamiento previo, a toda la memoria corporal y a su sensibilidad en la reacción ya que no sabe cómo ni desde dónde ni con cuanta energía atacará Uke.
Por otro lado, Uke tendrá que refinar sus reflejos y estar totalmente atento ya que no sabe qué técnica aplicará Nage para defenderse de su ataque. Al repetir un ataque tras otro, también Uke necesita detectar la postura de Nage para elegir un ataque que tenga sentido y que esté en armonía con lo que el cuerpo y la posición y postura de Nage le ofrecen.
A medida que se avanza en las graduaciones de Danes, se pide en los exámenes técnica libre con más ukes.
Por ejemplo, para el examen de 2º Dan se debe mostrar Futarigake (ataque libre con dos ukes o Ninin gake) y para llegar al 3º Dan ya se pide Taninzugake (más de tres ukes o Sanin gake, Taninzugake también significa “múltiples atacantes”)
Ya en el nivel de 4º Dan hay que demostrar que uno está preparado para reaccionar y sobrevivir a múltiples atacantes que vienen de todos lados: o sea Jiyu Waza. Y es aquí donde el lector le va a encontrar sentido al título de este artículo.
Investigando la palabra Jiyu Waza encontré con sorpresa que este término existe también en idioma Suajili (lengua africana hablada sobre todo en Tanzania y Kenia) y significa nada más ni nada menos que “El nacimiento de la Bestia”.
Cuando practicamos el Aikido se nos pide armonizar con la propia naturaleza y con la del compañero. Esto ya es todo un desafío en la práctica uno a uno.
Cuando somos atacados por varios compañeros desde todas direcciones y simultáneamente, es muy difícil mantener la calma, regular la respiración y defendernos sin violencia, que es justamente lo que pretendemos lograr con esta práctica. Ante el ataque múltiple nuestros demonios se sueltan, no queremos que nos atrapen, nuestro instinto quiere luchar y cuanto más nos cansamos más demonios surgen. Aclaro que este ejercicio es realmente agotador porque se realiza en anaerobiosis al requerir cambios súbitos de dirección y velocidad.
¿Qué es lo que los Maestros nos aconsejan?
Ante todo, ponernos como objetivo sobrevivir, escapar, esquivar. Esto de por sí implica algo fundamental que es no pelear. No podemos detenernos a completar una técnica conocida con un atacante porque hay que esquivar a varios al mismo tiempo. De manera que aplicaremos todo lo aprendido acerca de la relajación; del contacto suave pero efectivo; de la atención de la mirada, ya que una vez contactado un compañero hay que estar alerta al siguiente, al más cercano; seremos rápidos para correr y para cambiar súbitamente de dirección. Respirar a consciencia lo más regularmente que sea posible nos va a permitir durar un poco más en este entrenamiento tan intenso. Es una especie de “toco y me voy”. Cuando entramos en contacto con alguien enseguida nos desprendemos de ese contacto usando la proyección y vamos en busca del siguiente.
El Jiyu Waza es realmente el arte de controlar la “bestia” interna. Esa que se despierta cuando nos atacan y, sobre todo, cuando nos damos cuenta de que llevamos las de perder porque son muchos y estamos solos. Allí se muestra cuánto equilibrio interior hemos logrado y cuál es nuestro nivel de control sobre nuestras emociones y reacciones. Cuidarnos y cuidar al otro. No entregarnos, pero tampoco lastimar en el intento. Y si finalmente nos atrapan, aceptarlo con alegría porque estamos compartiendo una práctica con nuestros compañeros de camino en este hermoso sendero del Aikido que tanto nos enseña. El Jiyu Waza en el ámbito de una clase, termina siendo una especie de juego que nos despierta risa y nos divierte. Tal vez porque a algunos nos recuerda a aquél famoso “poli-ladron” que jugábamos en los recreos de la escuela primaria antes de que aparecieran los celulares. 

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